jueves, 13 de enero de 2011

120 días

Juliana, seguro. Directora, no sé. En realidad podría ser Juliana escritora pero no me gusta la idea de dejar de ser lectora. No sé de dónde saco yo, que los escritores “no leen”. Es una arbitrariedad que me permito pensar. En realidad el punto es que dirigir pertenece a otro rubro donde se puede jugar. (Sigo siendo arbitraria.) Un lugar de participación sobre lo escrito, más mejor, más de la magia. Donde se agarra lo escrito y se lo hace un bollito y después se estira el papel y se lo pinta. Pero Che! Tendría que ser más bien… dramaturga.

No lo asumo. Antes de poder darme cuenta de que estaba escribiendo ya había escrito. No sé si se entiende, pero no importa.

Hoy leía en el subte y no podía dejar de mirar a la pareja de ciegos cantores de la línea B, de pensar en el placer que me daba leer, y seguía pasando las páginas, y seguía sin leer, todo, por las ganas de escribir. Era un diálogo. Yo repasaba en mi cabeza las cosas que se me ocurrían y repasaba las páginas que había leído porque todo era tan fugaz que había perdido el hilo. Como si el autor me dijera: dale, nena. Si yo escribí esto, vos podrás escribir aquello. Y me conquistaba, más leía más ganas de escribir me daban. Un viaje en subte productivo, se podría decir.

Entonces. No, no me gusta empezar con entonces. Ayer mi amigo Dalmiro me decía: “ayy che, no me acuerdo ahora quién lo dice, pero hay un escritor que tiene la teoría de que si escribís todo los días al menos un ratito, durante 120 días, seguro sale algo bueno. Pero no podés dejar de escribir ni un solo día. Si no lo haces, volvés a empezar de cero”. Ja, y habrá que probar, dije yo. Pero no me refería a que yo fuera a hacerlo. Cuando me acosté anoche se me vino eso a la cabeza. Pensé varias cosas. Por un lado, sinceramente, no creo que pueda escribir todos los días y me molestaría mucho, que por no poder hacerlo un día se me castigue de tal manera que tenga que empezar de cero. Además no podría empezar de cero porque haría trampa seguro y no me siento lo suficientemente tirana de mí misma como para custodiar mi penitencia. Por otro lado, yo creo que no necesariamente vaya a salir algo bueno. Puede ser, pero no creo que en todos los casos. En el mío por ejemplo serían 120 días de ansiedad. Qué loca que estoy, ahora me doy cuenta de que 120 días no es tanto. Me sonaba a un año. Jaja. Son… cuatro meses. Quizás acaba de perder sentido todo lo que dije. O no. 4 meses pueden dar algo bueno, seguramente, pero no sé si en todos los casos.

Y sí, estoy enojada con el hecho de que para escribir haya que sentarse. Hay que darle horas al culo y corregir. Me tiene harta esto. Qué 120 días ni 120 días che, a vos, al escritor le digo. Ya veo que mañana Dalmiro se acuerda y me dice: lo dijo Borges. Y bueno Borges, yo que sé, perdón, yo quiero que me salga algo ahora, sin esfuerzo, sin planearlo, sin esperar 120 días.

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